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EL TOYAMA-RYU BATTO-JUTSU Y LA FORMACIÓN DE LOS OFICIALES JAPONESES, LOS “ULTIMOS SAMURAI”. (1ª Parte)

09 Oct

Articulo publicado en la revista El Budoka nº 384

“El cerezo es el primero entre los árboles;

el guerrero es el primero entre los hombres”.

Kanji correspondiente a Toyama-Ryu

Introducción:

En 1870, el Emperador Meiji abolió formalmente el feudalismo y al mismo tiempo, los celebres Samurai perdieron todas sus prerrogativas e incluso se les prohibió el llevar la katana (1875).

Estos, debieron abandonar su peinado típico, que consistía en llevar la parte anterior de la cabeza completamente rasurada, y los cabellos de la parte posterior recogidos sobre la nuca y anudados en un moño en lo alto de la cabeza (chonmage).

La mayor parte de los 400.000 a 500.000 Samurai que existían entonces en Japón se sometieron a los cambios.

Takamori Saigo, con otros 40.000 Samurai, prefirieron morir y librar por su honor la última batalla desesperada. Armados voluntariamente sólo con su sable, lanzas y alabardas hicieron frente al nuevo ejercito de Emperador, equipado con armas modernas. Fue un último gesto de una forma de vida que desaparecía.

Sin embargo un extraño hombre de veintitrés años de edad, de nombre Mitsuru Toyama, entró en escena tras el aplastamiento de la rebelión de Takamori Saigo. Toyama quería un país puro y duro. Soñaba con un Japón fiel a sus orígenes, a los Kami, y fiel a la veneración del Emperador. Rechazaba un régimen Imperial que se convirtiera en constitucional. Conspirador tanto como asceta, Mitsuru Toyama deseaba vengar la muerta de Takamori Saigo. Al poco Toshimichi Okubo, Ministro del Interior, fue asesinado. De ahí en adelante, sólo reinaría el puro espíritu nipón. Los clanes militares, tomaron el poder y el 1 de Agosto de 1894, el Japón declaró la guerra a China. Luego desembarcaron en Corea, tomaron Port Arthur y penetraron en Manchuria.

Mitsuru Toyama se convirtió en el animador de una gigantesca sociedad secreta denominada “Dragón Negro” (1). La sociedad impulsó al país a una guerra contra Rusia, cometió asesinatos políticos y también prepararon las condiciones para invadir China. El periodo de esplendor de dicho organismo duró treinta años, durante los que se dedicó a exhortar a los japoneses para que emprendieran la guerra santa contra el capitalismo, el bolchevismo, la democracia y el mundo occidental.

De ahí en adelante los representantes de una coalición militar-nacionalista ocuparan los puestos clave del Estado. Los militares, instituidos en dictadura, se sintieron capaces de enfrentarse al mundo. Ni la inmensa China, ni los Estados Unidos les dio miedo alguno. Durante ocho años, hicieron participar a cada japonés del mito al que llamaron Gran Japón.

El Dai Nihon, es el periodo durante el cual los dirigentes nacionalistas creyeron en la dominación japonesa sobre toda Asia oriental y sobre Oceanía. Se adoctrinó al pueblo con teorías sobre su superioridad y su misión divina de liberar el Este de la dominación occidental.

Cuando el Japón fue a la guerra (ataque a Pearl Harbour ) en 1941, la casta de los Samurai había sido suprimida hacia setenta cuatro años. Pero el Bushido, el código del Samurai todavía fue preservado intacto por las familias del guerrero, y enseñado al cuerpo de oficiales del Ejército y Armada Imperial japonesa. El hecho de que el código no fuera incorporado de forma oficial en el ejército no lo invalidó, porque existió en su seno en un plano superior – como ideal, como fe, como credo, y una respuesta a las preguntas de la vida y de la muerte.

Esos oficiales llevaron a sus hombres al campo de batalla con un inigualable espíritu que asombró al mundo entero y aún hoy perdura su recuerdo.

Fueron esos oficiales y el código del Bushido, quienes hicieron adquirir a los soldados japoneses una reputación de ferocidad implacable en todas las batallas que libraron.

Los soldados bajo su mando fueron forzados hasta el agotamiento con un olvido total de los sentimientos humanos normales, y sus mandos les trataron con bárbara severidad. Estimularon sin piedad a sus hombres, hasta un punto intolerable para cualquier soldado aliado… ¡A veces parecía ir más allá del limite de la resistencia humana!.

“El dolor y la pena harán hombres de vosotros” era la consigna del soldado japonés.

Y aquellos hombres aceptaban todo esto con una obediencia sin vacilaciones. La sordidez, la falta de alimento y el castigo eran su vida de servicio.

El Ejercito y la Marina Imperial japonesa se estructuraron en torno a la palabra “ataque”. Las tropas japonesas al principio del último gran conflicto mundial basaron sus éxitos en las operaciones ofensivas. Hicieron de esta característica forma de luchar, algo más que una mera doctrina táctica: era una actitud profundamente arraigada en sus mentes.

Se evitaba la palabra “defensa” y los Jefes de Estado Mayor japonés preferían decir que “se protegería una posición para un avance”

La propaganda de Tokio, así como la de sus enemigos habló de hombres “inexpugnables, irreductibles, invulnerables” y al frente de estos soldados que dominaron Asia, se encontraban sus oficiales y… estos fueron los últimos “Samurai” en enfrentarse al enemigo con sus espadas…

La Academia para oficiales del ejercito japonés Toyama Gakko

La Academia para oficiales del ejercito japonés Toyama Gakko

Una antigua técnica…una moderna escuela;

En una época donde las artes marciales que habían servido a los bushi de antaño desaparecían de la moderna sociedad japonesa, en los límites espartanos de las academias militares, el Kenjutsu sin embargo consiguió sobrevivir. En la Rikugun Toyama Gakko las técnicas y el espíritu de los Samurai se mantuvieron vivas de forma práctica como cuenta el autor Hillis Lory en una publicación de 1943 titulada ; “Maestros militares de Japón – el ejército en la vida japonesa”. En el capitulo cuyo titulo es “El Oficial Japonés, el moderno Samurai” él nos dice; “desde el punto de vista de la infantería, debe ser mencionada la Escuela Toyama de Educación Física. Jóvenes oficiales, en especial hombres no-comisionados (suboficiales – nota del autor) y primeros y segundos tenientes son designados por los comandantes regimiéntales para servir allí.

La instrucción se da en diversos grupos según la graduación. La esgrima con bayoneta, el ju-jutsu japonés y la lucha japonesa se incluían generalmente como materias en los cursos de las escuelas de entrenamiento físico”. Y continúa; “un gran estrés añadido a una gran resistencia física, enseñan al estudiante a especializarse en hazañas tales como nadar en un río con el equipo de combate completo sostenido su rifle sobre el agua.(2) (foto 2) Un graduado, campeón olímpico de natación, nadó hasta el exterior del puerto de Hong-Kong con varios otros nadadores expertos, y manteniendo sus armas y munición secos hicieron estallar unas minas puestas por los británicos mediante fuego de fusil de tal modo que los cargueros japoneses pudieron navegar por el puerto de Hong-Kong libres de ese peligro”.

¿Pero quienes y como se formaban esos oficiales que sorprendieron al mundo en el último conflicto mundial todavía empuñando curvas espadas?

La formación de los oficiales

Yonen Gakko, escuela militar preparatoria

Yonen Gakko, escuela militar preparatoria

La formación de los futuros oficiales comenzaba a la temprana edad de 13 o 14 años con la entrada en las Yonen Gakko, escuelas militares preparatorias, tras un difícil examen.

Después de un ciclo de estudios de 3 años, los alumnos accedían a la Yoka Shikan Gakko: academia militar de jóvenes (foto 4).

La academia organizaba 2 ciclos distintos:

1–  El Seito que duraba 2 años. Accedían – además de los jóvenes de 17-18 años procedentes de las Yonen Gakko – hombres jóvenes entre 16 y 18 años cualificados por su instrucción y su educación; los suboficiales en activo de menos de 25 años, que contaban como mínimo 10 años de escuela y propuestos por sus jefes de cuerpo; Soldados de menos de 22 años que tuvieran las aptitudes necesarias, igualmente propuestos por sus jefes de cuerpo.

Jóvenes cadetes en la escuela preparatoria para ser oficiales del ejercito Imperial.

Jóvenes cadetes en la escuela preparatoria para ser oficiales del ejercito Imperial.

Al final del ciclo, los alumnos eran destinados durante 8 meses en diversas unidades donde servían como soldados, cabos o sargentos. Después volvían a la Shikan Gakko.

2- El Gakusei, que duraba 1 año. Los alumnos debían tener una edad de menos de 38 años, escogidos entre los ayudantes, sargentos-jefe y sargentos, después de un difícil precurso. Dos meses después del fin de los estudios, eran nombrados oficiales “con ascenso limitado”, no pudiendo sobrepasar el grado de capitán.

La academia militar (Shikan Gakko) recibía a los cadetes de la Yoka Shikan Gakko para una durada de 1 año y 8 meses. La disciplina era muy estricta: prohibición de frecuentar a las chicas e incluso de hablar con mujeres… Formando oficiales para todas las armas, las promociones de la academia eran repartidas por clases según las armas, teniendo todas un “tronco” común, y un programa particular correspondiente a cada especialidad.

Al graduarse, los alumnos efectuaban un periodo destinados como suboficiales de una duración de 2 à 6 meses. No recibían sus despachos de subteniente hasta después de un informe favorable del Consejo de oficiales de la unidad donde realizaban su periodo de practicas.

Existía asimismo diversas escuelas de especialización: Infantería, Ingenieros, etc. Y sobretodo la Escuela de Educación Física Toyama (Rikugun Toyama Gakko) donde eran instruidos a fondo tanto en combate a la bayoneta

Fotografia de un manual de la época que muestra a un oficial ataviado de pantalón de caballeria y botas de montar. Porta gorra caqui y esta ataviado con el equipo de Jukenjutsu o esgrima con bayoneta.

Fotografía de un manual de la época que muestra a un oficial ataviado de pantalón de caballería y botas de montar. Porta gorra caqui y esta ataviado con el equipo de Jukenjutsu o esgrima con bayoneta.

, como en Kenjutsu, Jujutsu y natación. Los oficiales graduados en esa Escuela eran objeto de una gran consideración.

En la cima de la escala de instrucción se encuentra la Rikugun Dai Gakko (Escuela Superior de Guerra). Después de una difícil selección allí se formaban los oficiales de Estado Mayor. El Curso y los stages se alargaban por tres años. Los oficiales de reserva eran requeridos eran escogidos entre soldados que poseían una instrucción y educación adecuadas. Después de las clases y diversos exámenes, unos eran formados como sub-oficiales y los mejores seguían los cursos como cadetes para oficiales de la reserva. Durante la guerra, la duración de estos cursos fue disminuyendo de 11 à 6 meses.

Actitud y comportamiento

El oficial japonés en su actitud, difería francamente de sus homólogos occidentales en numerosos puntos.

En su mayoría, el cuerpo de oficiales procedía de la pequeña clase media, pequeños comerciantes, pequeños industriales, pequeños propietarios rurales, etc. De humilde extracción, el oficial sobretodo subalterno, era un alumno espartano, no poseían más que una débil cultura general, siendo muchas veces ingenuo e ignorante del Mundo exterior. Formado según un sistema estrecho e inflexible, poseían a menudo una gran rigidez de pensamiento, en detrimento de la imaginación y de la iniciativa. Su solo interés concernía a su cometido. Concienzudo y trabajador, el conocimiento perfecto de los reglamentos le permitía hacer frente a todas las situaciones previstas, pero lo imprevisto le desconcertaba muy fácilmente.

Sea cual fuere su origen, el oficial pasaba por una escuela de formación única. Dando como resultado una sólida homogeneidad, à la cual el mando le daba la máxima importancia. Su vida estab dedicad a su país y cuando llegara el momento , debía ofrecerla sin vacilación.

En el combate, según el Manual, el oficial – por su coraje y su sangre fría – debía inspirar à sus soldados una confianza inquebrantable. Se consideraba que lanzarse sable en mano, a la cabeza de su sección valía más que el tiro de 20 fusiles. El oficial nipón debía entonces manifestar en toda circunstancia una confianza en si llevada al extremo. Heredero de los Samurai, se comportaba sobretodo más como un guerrero que como un oficial en el sentido en que nosotros lo entendemos. Esta actitud entrañaba también perdidas extremadamente elevadas.

La muerte, desde su infancia, no tenia para el soldado japonés el mismo significado que para nosotros. Para el Bushido, se debía de seguir el código Yamato Damashii, es decir las tradiciones caballerescas, la inspiración característica que animaba a los japoneses y los predisponía al sacrificio de su vida por su soberano y su patria.

En la escuela elemental se le enseñaba a amar a su nación con una pasión desconocida en Occidente. El soldado japonés servía a su Emperador con orgullo y aceptaba sin discusión una disciplina de hierro y la influencia del Espíritu Samurai.

Un soldado (de hecho no importa, cualquier japonés en principio) debía afrontar la muerte con desenvoltura, puesto si él sabia caer gloriosamente, la inmortalidad le estaba prometida. Los mejores de estos héroes se convertían en semidioses (Kami), a los cuales el templo de Yasukuni, (3) en Tokio esta consagrado y donde van a rezar, aún en nuestros días por las almas de los héroes caídos en el campo del honor.

Por ello, la rendición no podía ser admitida. Rendirse era considerado como un gran deshonor, no solamente para el soldado, sino también para su familia. Según el Código de honor del ejercito, todo soldado hecho prisionero (herido…) debía lavar su falta por el suicidio a partir que el recobrara la libertad. Si rehusaba, debía ser juzgado delante de una corte marcial. Se convertía entonces en blanco del desprecio por los suyos y el resto de sus compatriotas, incluso si a los ojos de la ley, era rehabilitado en el juicio al que se le había sometido.

Japón debió sus éxitos al soldado, al cual a veces de forma despectiva se le describía como “hormiga” o “insecto” por la constancia en su cometido final.

El Capitán General Slim Comandante del Catorce Ejercito ingles en Birmania dijo del soldado japonés; “Hablamos mucho de luchar hasta el último hombre y hasta la última bala, pero el soldado japonés es el único que lo hace”.

Sobre estas bases descritas, el Alto Mando japonés, suponía que todos los soldados eran igual de valientes y, por consiguiente, no existía una medalla al valor. Esta sólo se concedían por campañas o por un servicio largo y distinguido.

En resumen, agresivo, orgulloso, habituado a una vida frustrada, el oficial japonés era perfectamente apto para instruir y conducir a sus hombres al combate.

Autor: Sergio Hernández Beltrán

ryubukan@hotmail.com

(1) La familia Nakano perteneció a la sociedad Dragón Negro y uno de sus miembros fue tutelado por el mismísimo Mitsuru Toyama, su nombre; Michiomi Nakano más conocido por Doshin So fundador del Nipón Shorinji Kempo – nota del autor –

(2) Esta técnica que asombraba al comentarista no era más que una adaptación con equipo moderno del antiguo arte guerrero japonés especializado en técnicas de combate en el agua vistiendo armaduras denominado como Suijutsu del cual existen diferentes Ryu Ha como ; Kankai-Ryu especializado en actuar en mar abierto, Iwakura-Ryu; Kobori-Ryu especializado en cruzar ríos con fuertes corrientes y se caracteriza por enseñar a mantener la posición vertical a fin de luchar con espadas o disparar con arco o mosquete desde el agua; Tosuijutsu; Kobu-Ryu; Koike-Ryu; Mukai-Ryu; Nogima-Ryu; Sasanuma-Ryu; Shinden-Ryu especializado en nadar largas distancias; Shinto-Ryu; Suifu Ota-Ryu; Suifu-Ryu especializado en actuar en corrientes cambiantes; Takeda-Ryu; Usuki-Ryu; Yamauchi-Ryu.

(3) El santuario Yasukuni (literalmente: “santuario de un pueblo pacífico“) es un polémico santuario sintoísta existente en Tokio, Japón. El nombre original del santuario se escribió como 靖國神社 (esto es, Yasukuni Jinja) pero según el actual repertorio de caracteres joyo kanji el nombre ha de escribirse 靖国神社.

En el mes de octubre de 2004, su Libro de las Ánimas contenia un listado de los nombres de 2.466.532 soldados japoneses y coloniales (27.863 coreanos y 21.181 taiwaneses) caídos en conflictos bélicos, entre los que se encuentran catorce criminales de guerra de primer orden.

Te veré en Yasukuni” era una frase corriente entre los soldados cuando se despedían antes de la batalla, . Saber que sus espíritus, convertidos en kami, velarían eternamente sobre las islas sagradas del Japón, les aligeraba en el enfrentamiento con la muerte.

Dos veces al año durante el periodo de la guerra se celebraba una complicada ceremonia en Yasukuni. Los nombre s de los caídos en combate eran colocados en un arco, que se llevaba en procesión a la luz de las antorchas hasta el altar en que los hombres se deificaban. A partir de entonces se creía que el soldado continuaría luchando por Japón en el mundo de los espíritus.

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