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APUESTA POR UN MODELO DE EDUCACION

18 Sep

Aparecido en la revista El Budoka nº 321

Como siempre me detengo a leer una de tantas noticias del periódico resaltando “el elevado nivel de violencia y de agresividad gratuita que se constata, sobre todo en los sectores mas jóvenes”. Si la primera parte me llama la atención por mi profesión, no es menos remarcable la segunda, con respecto a la cual, últimamente nuestra sociedad se da cuenta que quizás alguna cosa esta fallando en el sistema de enseñanza oficial y en la “formación complementaria” que les damos a las generaciones futuras.

La fiscal General del Estado del Principado de Andorra, donde actualmente trabajo y resido, Assumpte Pujol atribuye estos comportamientos en los jóvenes “a una crisis

de valores o al hecho de que no hemos sabido enseñar a los jóvenes los valores importantes; lo que hace falta entender es que lo importante es la tolerancia y el respeto por la diversidad”.

Como Formador con años de experiencia no puedo menos que estar de acuerdo en los dos puntos con la señora fiscal.

Cuando le pregunto a alguno de mis alumnos en edad escolar cuantos profesores tienen, siempre me dan un numero por encima de cinco, aproximadamente uno por materia. Si les pregunto cuantos de ellos los vuelven a tener en el siguiente año escolar, la mayoría no vuelve a tener los mismos educadores.

Con la cantidad de materia que un profesor se ve en la obligación de impartir, me pregunto; ¿cuanto tiempo puede dedicar a la “educación” y cuanto se puede implicar con su alumno?, ¿cuánto tiempo están en el total de un curso los alumnos con cada profesor?, ¿pueden en este tiempo ser un ejemplo valido a imitar para los alumnos a su cargo?.

No dudo en absoluto de la profesionalidad de los actuales enseñantes, todo lo contrario, ya que se trata de una faena totalmente vocacional, y sé de muchos que de forma particular se implican con casos realmente difíciles y más allá de su obligación puramente laboral.

Si descartamos que el aprendizaje de la “educación” en los valores básicos no los aprenden en la escuela por varios motivos, entre ellos la falta de tiempo y la difícil implicación de los educadores, ya que no pueden tener constancia en el tiempo, entonces…¿en que lugar los aprenden?.

Los padres, actualmente trabajamos los dos para poder llevar adelante la familia. Tenemos por tanto poco tiempo real para estar con nuestros hijos. Con lógica cuando

llega el fin de semana no nos quedan ganas de “luchar” con ellos, sino que queremos disfrutar de un buen ambiente y si es posible aprovechar el descanso semanal.

No iré muy lejos si comento que seguro conocemos casos donde incluso algunos padres han inhibido la iniciativa de más de un educador de escuela, llamándoles la atención de “que se dediquen a “enseñar” a sus hijos, que para “educarles” ya están ellos. En más de alguno de estos casos, desgraciadamente, los que necesitan ser educados seguro que son los padres.

No existe, claro esta, una sola respuesta, una solución perfecta para este problema, que sin ninguna duda incluye la participación de los profesores en la escuela, los padres en casa y la concienciación social de hecho, cuestionándose también si es necesario, cuales son los mensajes que les damos por los medios de comunicación, si en este caso son los ejemplos adecuados que queremos copien nuestras próximas generaciones.

En cuanto a aportar mi pequeño grano de arena para ayudar, y de aquí mi reflexión, lo es sin duda, con mi experiencia como practicante primero y como formador después de veintitrés años de las tan poco conocidas y maltratadas artes marciales.

Las artes marciales tradicionales practicadas como se debe (no son deportes de combate, ni tan solo son deportes), en un dojo (no un gimnasio), e impartidas por un profesor cualificado y debidamente acreditado (no jóvenes poco preparados y con poca o nula experiencia), pueden aportar mucho a un joven iniciado, cuando no a un niño. Estos lugares llamados dojo en japonés, (dojang en coreano, kwoon en chino…), si están concebidos como deben, son auténticos baluartes que preservan valores actualmente a la baja en nuestra sociedad y que su falta lleva muchos de los problemas antes mencionados.

Valores como la disciplina, para más tarde obtener la tan necesaria autodisciplina; el compañerismo; la lealtad; la tolerancia; el respeto; el valor; la comprensión; la autoestima positiva y algunos otros, pueden encontrarse aún dentro de la practica del arte marcial tradicional escogido a parte de las habilidades físicas y técnicas, que muchas veces confunden el verdadero significado de las artes de combate como un medio de formación.

En la practica, un niño o joven que entra a formar parte de un dojo tradicional, puede permanecer en él mientras quiera, de esta manera el formador puede llegar a conocer a su discípulo, ya que siempre es el mismo, un año tras otro. Incluso llega a existir diferentes grados de amistad para toda la vida.

Personalmente, tengo alumnos que están conmigo desde los cuatro años y hoy día, con dieciocho permanecen conmigo. Otros de mis discípulos, jóvenes con una edad difícil cuando empezaron conmigo en nuestra disciplina marcial, desarrollan actualmente tareas de policías, bomberos e incluso uno es medico y otra estudiante de derecho, quiere ser abogada y luego juez. Estos ejemplos de practicantes exponentes de buenos ciudadanos son mi experiencia y la base de esta reflexión.

Conozco muchos otros ejemplos, alumnos de amigos míos o conocidos.

En Japón, las disciplinas marciales, forman parte del aprendizaje normal en las escuelas, institutos y universidades por sus virtudes formativas a nivel físico, mental y espiritual.

El arte marcial más expandido y practicado en Japón es el Kendo, el “Camino de la espada” de los antiguos guerreros Samurai. En la esencia de su método formativo se encuentran sus principios básicos, que los alumnos más jóvenes repiten en voz alta todos los días después de recibir su clase.

La finalidad a la hora de practicar el Kendo es:

Forjar el cuerpo y la mente

Cultivar un espíritu vigoroso

Y mediante un rígido y correcto entrenamiento

Esforzarse para mejorar en el arte del Kendo

Tener en cuenta el honor y la cortesía humana

Relacionarse con los otros con sinceridad

Y cultivarse a uno mismo para siempre

Así uno será capaz

De querer a su país y a su sociedad

De contribuir en el desarrollo de la cultura

Y de llevar la paz y la prosperidad entre los pueblos.

No más lejos, el Dojo-Kun (juramento de la escuela) que adorna las paredes de los dojo (lugar de practica) del estilo de Karate-Do Tradicional que personalmente practico, el cual aprendí de mi maestro y que todos los alumnos deben de conocer y poner en practica es el siguiente,

Perfección de la personalidad (Jinkaku Kansei ni Tsutomeru koto)

Guardar siempre fidelidad (Makoto no michi o mamoru koto)

Esfuerzo y constancia (Doryoku no seishin o yashikau koto)

Respetar a los demas (Reigi o omonzuru koto)

Reprimir la violència (Kekki no yu o imashimeru koto)

¿Que perdemos por intentarlo?, ¿que nuestros hijos aprendan que el esfuerzo vale la pena?, ¿que aprendan como superar la dificultad, y lo que es mejor, a si mismos?, ¿que desarrollen habilidades físicas y mentales que les ayuden a enfrentarse a su vida con mas y mejores posibilidades?

Personalmente yo he escogido esta opción y recorrer este “Camino”. Sé y estoy convencido de que este tipo de aprendizaje y formación complementaria permite obtener mejores, más autosuficientes, seguros de si mismos miembros de una sociedad.

Es mi apuesta.

Sergio Hernández

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